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El primer paso para manejar el enojo, es reconocerlo y aceptar que estamos enojados, ya que con frecuencia, negamos nuestro coraje (y otras emociones) o lo suprimimos.

Reconocer el enojo significa, aceptar que algo está sucediendo en mi vida, que me molesta o irrita, pero que no lo he podido manejar.

El segundo paso es analizar lo que está sucediendo, para encontrar la causa real del enojo.
Con frecuencia, si no resolvemos una situación que nos da coraje, fácilmente podemos explotar ante otra persona, por algo sin importancia y creer que, lo que ella hizo, es la causa real de mi enojo.
Cuando te enojes ante una situación o persona, pregúntate:
1. ¿Qué es, exactamente, lo que me enoja?
2. ¿Por qué me enoja?
3. ¿Qué pienso de esa persona o situación?
4. ¿Qué está pasando en mi vida o qué acaba de suceder, que me hace más sensible, irritable o intolerante?
5. ¿Estoy tenso, cansado o preocupado?
Si te enojas con frecuencia, analiza:
• Cómo manejaban tus padres o familiares cercanos el coraje, porque posiblemente aprendiste el mismo modelo.
• ¿Qué situaciones de tu pasado, pueden estar influyendo en tu reacción actual?
El dolor o coraje que no pudimos o supimos resolver en el pasado, puede influir en nuestras reacciones del presente.
• ¿Cuáles son los mitos en los que te apoyas, para justificar tu enojo?
• ¿Estás deprimido, preocupado, asustado o te sientes culpable por algún motivo?
Con frecuencia el enojo es la manifestación de otras emociones.
Si analizas con cuidado y objetivamente tus respuestas, podrás tener una imagen, mucho más clara y específica, de lo que te sucede y te será mucho más fácil resolver la situación y manejar tu enojo.
¿Qué quieres hacer al respecto?

¿Quieres sentirte bien momentáneamente o quieres solucionar el problema y manejar tu enojo, aunque te cueste más trabajo?
Si gritas, insultas y/o golpeas, puedes sentirte bien de momento, pero a la larga, tus problemas aumentan.

Si quieres buscar una solución, cálmate antes de tomar cualquier decisión.
Para lograrlo, aprende a respirar, a relajarte, haz ejercicio, analiza y cambia tu manera de pensar, etc.

Cuando disminuyes tu coraje, puedes analizar con mayor objetividad, tanto lo que sucedió, como la manera de solucionarlo.

Si estás calmado, puedes hablar con la otra persona, en lugar de discutir o pelearte con ella.
Si la atacas, se va a poner a la defensiva y posiblemente te ataque re regreso y el enojo de ambos aumenta.

¿Qué hacer?

1. Recuerda, que no nos enojamos con los demás, porque actúan de determinada manera.
Nos enojamos, porque no hacen lo que nosotros queremos.

No les "exijas" a los demás que piensen, sientan o se comporten como tú.
¿Por qué tienen que actuar como tú quieres?
¿Tú haces todo lo que quieren las personas con las que te relacionas?
Seguramente no.

¿Entonces, por qué quieres que ellas lo hagan?
Ten en cuenta que cada persona piensa diferente y ha tenido distintas experiencias en la vida, por lo tanto, lo que para ti es correcto o adecuado, puede no serlo para otros.

Aprende a respetar las diferencias.
2. Descubre qué es lo que estás pensando, sobre la persona o situación que te hace enojar.

Recuerda que, independientemente de lo que sucede, nuestrospensamientos mantienen y aumentan nuestro coraje.
Por eso no todos nos enojamos ante la misma situación.
Porque cada quién la percibe y califica de diferente forma.

Todos los pensamientos que incluyen la palabra "debería", "no debería" o "tiene que", nos producen coraje.
Elimínalos de tu vocabulario.
Una cosa es que prefieras ciertas conductas o características y otra que la gente "deba" de ser o actuar así.

3. Rompe el ciclo de la agresión lo antes posible.

El ciclo de la agresión esta formado por tres niveles:
• Intensificación,
• explosión y
• postexplosión.
En el primer nivel se dan las primeras señales del enojo, acompañadas generalmente por una serie de pensamientos, que lo alimenta y lo hacen crecer y crecer.

Si crece demasiado y cada persona tiene su propio límite, se descarga el coraje de manera explosiva o descontrolada, dando como resultado una agresión física o verbal.
Este es el segundo nivel.

El último nivel es el de las consecuencias negativas, que resultan de la agresión física o verbal, desplegada durante la fase de explosión.
Consecuencias que, además de causarnos mayores problemas, nos deja "rumiando" el coraje, por lo que fácilmente volvemos a iniciar el mismo proceso.

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